Recomendaciones: tres películas desde la mirada de la infancia
Por La Chica y La Ciudad
Noche de fuego (2021), Tatiana Huezo – México
Ana es una niña que crece en la sierra mexicana, en un pueblo secuestrado por la violencia del narcotráfico. En vista de los campos de amapolas, el trabajo forzado y las desapariciones, su madre la entrena para pasar desapercibida: cava un hoyo en el suelo del patio para que Ana pueda esconderse ante una amenaza. Además, corta su cabello para que su apariencia se asemeje a la de un niño, y así distraer a los secuestradores. Ana y sus amigas juegan a ser niñas en un entorno que no da tregua, lo que devela el abandono y la indiferencia por parte de las instituciones hacia las infancias que crecen en la ruralidad.
Estación central (1998), Walter Salles – Brasil
Josué y su madre visitan una gran estación de trenes de Río de Janeiro, buscando los servicios de Dora, una maestra jubilada que se gana la vida escribiendo cartas para las personas que no saben leer o escribir, sin saber que ella estafa a sus clientes, puesto que nunca envía las cartas que escribe bajo pedido. La madre de Josué quiere enviar una carta al padre de su hijo, expresando los deseos que su hijo tiene de conocerlo. Pero poco después de dicho acto, la madre muere en un accidente de tránsito, dejando al niño solo y desconsolado en la estación de trenes. Los días pasan, y el niño deambula por los andenes, perdiéndose en el ruido de los autobuses y el tumulto de los transeúntes. Dora, por culpa o molestia, se compromete a ayudarlo a encontrar a su padre. Juntos emprenden un viaje por carretera hacia el interior, haciendo que un sentimiento de cariño hacia Josué surja repentinamente.
En el nombre de la hija (2011), Tania Hermida – Ecuador
Los padres de Manuela son ateos y socialistas, y en las vacaciones de 1976, la dejan al cuidado de sus abuelos católicos y conservadores. Su estadía en esa hacienda, junto a sus primos y su hermano menor, despierta en ella conflictos ideológicos: sus abuelos insisten en llamarla Dolores, pero ella se niega, porque su nombre fue dado en honor a la prócer de la independencia. Manuela se resiste a las imposiciones machistas, racistas y clasistas, rebelándose contra sus primos y sus abuelos.
Texto: Niza Ochoa






