Recomendación: sobre piedras con lagartijos (para todos los mojaditos que han cruzado para este lado)
Poema de Gloria Anzaldúa
¡Pst! ese ruido rumbo al norte, muchachos, párense, aquí nos separamos. Tengo que descansar, Ay qué tierra tan dura como piedra. Desde que me acuerdo así ha sido mi cama, mi vida. Maldito fue el día que me atreví a cruzar. Nada más quiero hacer unos cuantos centavos y regresar a mi tierra. Dicen que unos norteamericanos son puros jijos Bueno, pues, yo puedo trabajar como un burro. Lo único que me falta es el buir porque hasta sus dientes tengo. Uno tiene que hacer la lucha ¿Cómo la estará pasando mi vieja? Allá la dejé con los seis chiquitos. Tuve que dejarlos, dejar ese pinche pedazo de tierra El maíz no levantaba cabeza ni llegaba hasta mi rodilla. Por mis hijos estoy aquí echado como animal en el regazo de la madre tierra. Ojalá que la Santísima Virgen me tenga en sus manos. ¡Qué sol tan miserable! Y el nopal por todos rumbos. Ni un árbol ni nada, ay madrecita, los lagartijos y yo -tenemos el mismo cuero pero yo ya no soy ligero. Los trozos de leña que cargaba al mercado los costales de maíz, empinado desde niño tratando de sacarle algo verde al caliche que era mi parcela. La vida me ha jorobado, ando como anciano ladiando de un lado al otro. Ya casi ni veo. La niña le estará preguntando ¿Cuándo viene mi papi? y los chiquillos chillando sus manitas estirándole la falda bocas chupando sus chiches secas pobre vieja. Al menos no tengo que ver esa mirada en sus ojos que me hace un nudo en mi pecho. Qué sé qué les pasó a los otros. Cuando oímos el ruido de la camioneta corrimos por todos rumbos. Yo me hice bola y me metí debajo de un chollo allí estuve atorado en una cuevita que algún animalito había hecho. No pude aguantar los piquetes -madrotas. Todavía las siento remolineándose debajo de mi piel y ahorita que desperté vi que una víbora me estaba velando. Pues allí estuve hecho bola en la panza de ese cacto dos o tres días la sed me quita la memoria, mi boca seca de echar maldiciones, de miedo. Dicen que si llego a Ogaquinahua allá me encontraré con unos paisanos que me ayudarán a hallar chamba, a sacar papeles. Pronto volveré a mi tierra a recoger a mi señora y mis hijos. Mira cómo los lagartijos se alejan aventando piedritas por todos lados Oye, ¿Qué es ese ruido que arrebata a mi corazón, que me para el aliento y seca más mi boca? ¿De quién son esas botas lujísimas que andan hacia mi cara?

