Recomendación: Como bestias, de Violaine Bérot
Por Jéssica Zambrano
¿Quién decide la forma en la que vivimos? ¿Quién nos cuida cuando lo que se impone son una serie de lógicas sobre la vida que encierran o levantan sospechas sobre aquello que parece fuera de lo normado? ¿Quién llama extraño a lo que pensamos extraño?
Leí esta novelita de Volaine Bérot, Como bestias, una mañana en el Chimborazo. El personaje central nunca habla. Está construido a partir de la mirada de otros: de sus vecinos, de su maestra de la infancia, de sus compañeros de clase, de personas que solo lo vieron una vez cuando irrumpieron en su casa sin permiso, mientras él no sabía cómo reaccionar a su lenguaje, porque el suyo era completamente distinto, era un lenguaje del mito.
Se sabe cómo es o cómo puede ser el personaje central por la forma en la que habla de él su madre, una mujer que decidió aislarse de la ciudad, en un rincón de la montaña con su hijo, para protegerlo. En el pueblo querían encerrarlo porque siempre estaba solo y no les hablaba; no lo comprendían.
Nuestro personaje central tiene poderes: cura animales y mantiene un diálogo con las hadas que habitan en una gruta lejana al pueblo, cerca de su casa. Allí cuida a una niña abandonada. La policía llega al pueblo para encarcelarlo después de llamarlo sospechoso por cuidar a esa niña, de la que nadie sabe cómo llegó al pueblo. Esa niña es parte de la historia de las hadas, unas hadas que reciben a los bebés de las mujeres que no quieren ser madres. Ellas los mecen sin cuestionar.
“A nosotras
Las hadas
A veces
Nos llegan
Del mundo de ahí abajo
Algunas voces
Voces
Discordantes
Disonantes
Voces de normales
Anormalmente normalizados”
Leí esta novelita breve mirando al Chimborazo. Esa mañana caminamos por el bosque y un hombre me contó que siempre llega gente extraña de la ciudad a comprarle los cuys que cuida en su casa y que cada vez quiere pagar menos por ellos. “Ya coge la plata rápido, no te gusta trabajar”, dijo que le dicen cuando tiran sus precios de producción abajo. Vestido con una camisa grande, que cubría su cuerpo delgado, y una gorra que decía Policía y apenas me dejaba ver sus ojos, me contó que cada día les roban más: vacas, plantas, gallinas. Pero si los agarran y llaman a la policía, la autoridad les ha permitido aplicar la justicia indígena, porque la violencia crece y no hay tantos policías para estar pendientes.
¿Qué reglas pretenden imponerse en las lógicas de la montaña? ¿Cómo pretendemos mirar a la montaña con los mismos ojos con los que hemos destruido la ciudad y nuestra convivencia?
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