Poesía: Poema interrumpido por una misiva al río
Por Valeria Navarro
Para Keiko de mi vida
Aquí están los odios que me importan y los puertos que me importan
— Sonia Manzano
Contrajimos matrimonio
en cualquier orfanato cerro arriba
o tal vez falla geológica que vomitas cuando nos partes en dos
y me enseñas qué punto cardinal
de tu vulva duele
En nuestra luna de miel,
desayunamos un asesinato a medias
antes de regar la leche que sobró del día anterior
Todo se ensucia aquí
Todo lo que nos pasó, pasa y pasará se escribe en algún periódico de crónica amarilla desde el falo más erecto de esta costa
No muy lejos
los barcos encallados a un dolor de cuatro metros sobre el nivel del mar
¡Venus se retuerce en las mil y un formas de mujer que conoce!
Yo cubierta de secreción
tú con ganas de comerme
A esta altura Guayaquil parece nuestro
Alguna vez y aquí mismo me rendí
Y lo que sigue después
En el peor de los casos ambas morimos sin haber parido
Como estoy a dieta,
licuaste la sangre congelada de nuestras ancestras y dejaste que la beba
para ayudarme a contener
este animal que crece
dentro de mi vientre,
pero fuera del endometrio
Cuatro
Cuatro y media de la tarde
pronto me meteré en ti a corazón abierto
Debes saber que llevo a mi precario Guayaquil en brazos, lleno de alveolos para gente muerta
¿Estás llegando a casa?
Sostengo a nuestro bebé drenándose por la aorta
sangrando
un país que nació de la queja
Esto es hacer patria
Te diluyes sobre el colchón
cuando alguien cierra la llave del puerto principal de enfermedades
Y vamos a parar a la estación de metrovías más cercana a nuestra herida vernácula
Nos divorciamos unas quince veces entre cada pestañeo
de doblar la esquina,
pasar por el Nahím
y volvernos a contagiar del smog que queda después de un beso
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