Poesía: Ámam
Por Niza Ochoa Castañeda
¿De dónde viene el calor cuando no hay abrigo?
De tus manos.
Tus manos, que lavan los granos de arroz en una olla rebosante de agua salada,
se han desvanecido como la tinta negra en el océano;
ahora son rocío que salpica en las montañas.
Tus manos, esas que acarician el cabello frondoso
y lo cepillan con uñas devoradas por las ansiedades cotidianas;
esas que cuentan cada hebra hasta caer dormidas en la humedad del pasto
y, posteriormente, mueren hundidas en una tierra
que un día fue verde como los saltamontes.
Tus manos, que recogen las piezas de un matrimonio ficticio,
de un jarrón japonés y una conciencia carcomida,
como la puerta de la habitación que cae a pedazos cada vez que se abre.
Tus manos humedecidas, que rasguñan tiernamente los párpados
y adhieren los pigmentos de un arcoíris.
¡Que la nostalgia nos falte!
cuando te acerques al espejo y las arrugas de tus ojos,
nacidas de la risa aprisionada en tu garganta,
delaten los días de tu existencia.
¡Que nos sobren colores cálidos y amor interno!
para espolvorearlos en tu cara,
que el tiempo desdibuja diariamente, aunque ya sea invierno.
El calor no está en la costa, está en tus manos.
¡Gracias por ser parte de este viaje! Suscríbete gratuitamente para recibir arte, cultura y todas las historias que nos conectan, directamente en tu bandeja de entrada.
.


