Poesía: La primera vez que el aire te sostuvo
Por Kiersten Jungbluth
Mantuviste la respiración tanto tiempo como fue posible —tenías miedo y no sabías por qué. Imaginaste palabras bellas e infinitas enredándose en medio del aire, e intentaste masticarlas hasta disolverlas por completo. Te preguntaste cuánto pesa un alma al abandonar un cuerpo, si se lleva consigo los recuerdos y qué es lo que haría con ellos. Intentaste recordar, también, la última vez que tus dedos tocaron algo blando, algo que hayas podido estrujar hasta quedarte sin aliento. Contaste tus dedos de las manos y alineaste todas las estrellas sobre tu espalda erguida. Permitiste que tu peso atraviese toda superficie en su camino, en la larga espera vertical. Intentaste ubicar el principio del dolor y del deseo, y repasaste sus huellas sobre tu piel nebulosa. Pensaste que te encontrabas en medio de un lugar nunca antes descubierto, —que era así, tal vez, como debía sentirse, finalmente, suspenderse.

