Poesía: Miedo, al parecer
Por Gabriel Avecilla
Tengo miedo de parecer. Amable me dicen porque digo siempre “buenos días” a todo el mundo, pero no me siento amable. Me siento obligado. Si no le saludo, me quedará viendo mientras subo la escalera de la tienda de ropa; si no saludo, me van a revisar la maleta; si no saludo, me preguntará con coraje que para dónde voy, y aunque a veces saludo, de todos modos pasa. Apuntes breves para una orestíada ecuatoriana: (respiremos en esos dos puntos), a veces no sirve saludar si te pareces a lo que nadie quiere parecerse. ¿Qué es a lo que nadie quiere parecerse? Porque yo me parezco a full gente y full gente se parece a mí, aunque yo sea más pinta de alguna forma. Pero nos parecemos. ¿Está mal parecerse? Eso parece. Construyeron una silueta infinita en las llagas de la tierra, Y condenadas aquellas personas que se parezcan a lo que no hay que parecerse, Porque tragarán por los surcos del ojo los llantos de los que se quedan. Apuntes nuevos: tengo miedo de parecer, Pero tengo es más coraje, porque la ciencia del parecer Le arrebató el hermano a mi amigo, solo porque parecía algo que no debió parecer. Y jamás pude hablar de los horrores del parecer, Y sigo sin querer hablar de los horrores del parecer, Porque no debería haber miedo en parecer. Claro que da miedo el perecer. Pero a ustedes qué les importa si parezco. Justin no parecía. Steven no parecía. Ismael no parecía. Josué no parecía. Nehemías no parecía. Mikel no parecía. Pero, de nuevo, parece que poco les importa el que parezcamos o aparezcamos, Pero yo no le tengo miedo al parecer, Bueno, parece que sí: sí tengo miedo, al parecer.
Este poema se leyó en el recital Sobrevolar la ciudad animal, el 12 de agosto de este año.

