Ensayo: Qué tan lejos (2006), Tania Hermida: un Ecuador en eterno retorno
Por Niza Ochoa Castañeda
“Aquí el problema no son los antepasados, sino los antepresentes, que se hacen presidentes, banqueros, bananeros, floreros, con tal de llevarse la poca mierda que nos queda”
Qué tan lejos, Tania Hermida
La historia es cíclica, o así lo advierten los historiadores, cuando señalan las repeticiones que a menudo acontecen en eventos que parecen haber sido calcados minuciosamente de épocas ya superadas. Aunque la historia se reinventa, nunca deja de ser consistente, y es así como nos condena a replicar el pasado, y consecuentemente, a olvidar. Las emociones también pueden ser cíclicas, o pasajeras, como se dice popularmente cuando se habla de la tristeza o la esperanza, que son los nombres de los personajes de Qué tan lejos, la primera película de la directora ecuatoriana, Tania Hermida. Tristeza es una estudiante universitaria quiteña que tiene una tormentosa relación a distancia con un biólogo cuencano que está a punto de casarse. Esperanza es una turista española que llega al país con una videocámara y una visión un tanto idílica de lo que es el Ecuador. Ambas, pasajeras de un bus varado, deben llegar a la ciudad de Cuenca: Tristeza para impedir una boda y Esperanza para fotografiar los paisajes. Sus viajes son interrumpidos por un paro, lo que provoca que las dos mujeres busquen otras rutas y formas de movilizarse, llevándolas a diferentes territorios del país, develando particularidades y problemáticas que permean la identidad ecuatoriana. Pero, ¿qué tan lejos podría estar aquel Ecuador que Tania Hermida nos muestra en el año 2006, a través de su ópera prima, con el Ecuador del presente? ¿Qué se ha transformado y qué ha persistido en estos 20 años desde su estreno?
En una suerte de road movie, Hermida nos traslada -probablemente- al año 2000, cuando se implementa el plan Colombia, una iniciativa que provenía del gobierno de Estados Unidos, cuyo objetivo era instalar bases militares estadounidenses en la región andina de Colombia. Esta alianza tendría como fin combatir a los carteles de droga, reduciendo el cultivo de amapolas, y a la par, frenar a los grupos paramilitares que se encontraban en dichos territorios. Aunque este plan de “ayuda” militar estaba principalmente direccionado a Colombia, causaba preocupación a los habitantes de las provincias de Sucumbíos y Napo, con quienes compartían frontera.
“El Gobierno norteamericano, al parecer, midió bien las crecientes dificultades causadas a la economía y la sociedad ecuatorianas por dos décadas de políticas de ajuste estructural, impuestas por el Fondo Monetario Internacional, así como las debilidades éticas y cívicas del régimen de Mahuad que lo transformaron en instrumento dócil de las mafias bancarias y de los designios imperiales”.[1]
Además de la creciente amenaza de un conflicto armado en la frontera, solo un año antes del plan Colombia, en 1999, Ecuador ya contaba con una base militar estadounidense en la ciudad de Manta, Manabí; lo que, para algunos sectores, representó una violación a la soberanía del país. En el filme, la noticia sobre la implementación del Plan Colombia sirve como un catalizador para darle rumbo a la historia, a través de conversaciones con extraños, Tristeza y Esperanza intentan entender, desde su lugar, qué desató el paro. Estas pláticas casuales les revelan otras realidades: ser ecuatoriano no es un monolito, y la postura depende del lugar de enunciación. Para Tristeza, una joven universitaria en un país en constante crisis, el paro está más que justificado. Mientras que el hombre que conduce el Gusanito (transporte largo, con varios asientos, con diseño de gusano, usualmente dirigido a niños) no tiene la misma postura ideológica con respecto a ese tema.
En el Ecuador actual, los conceptos mesiánicos que ofrecen la salvación por medio de estrategias pro fuerzas armadas y pro bélicas no son nuevos y tampoco ajenos. Hoy más que nunca se han convertido en un tema recurrente en el debate sobre la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. En enero del 2024, el gobierno declaró un conflicto armado interno, dando control territorial e impunidad absoluta a los miembros de las fuerzas armadas. Todo esto sin aparentes resultados, ya que, luego de un año de militarización, los crímenes no disminuyeron, al contrario, incrementaron. Tan solo en los primeros meses del año 2025, Ecuador figura como el país más violento de América Latina, con “1.300 asesinatos, lo que equivale a un crimen por hora”[2]. Ecuador en el año 2000, tal como se muestra en Qué tan lejos, tampoco lograba materializar las promesas de la militarización. En aquel año, los crímenes por asesinato también habían aumentado en comparación con el año anterior: “La tasa de homicidios en Ecuador, que se situó en 2000 en el 14,45 por cada cien mil habitantes, ha subido respecto a 1999, en el que estaba en el 13,49”[3]. El Ecuador de 2000 y el de 2025 tienen algo en común: los resultados parecen quedar en un discurso intangible para sus habitantes. Es más, parece que las estrategias que se ejecutan terminan por obtener resultados opuestos.
En su recorrido por la sierra ecuatoriana, Esperanza y Tristeza conocen a Jesús, un hombre de cabello largo, que prometió esparcir las cenizas de su abuela en el río Tomebamba, Cuenca. El azar entrelaza la senda de los tres personajes, al compartir el mismo destino. En su trayecto, y en búsqueda de un transporte que les ayude a llegar a la ciudad, se instalan en Zhud, una parroquia de la provincia de Cañar: el lugar es silencioso y la gente parece haberse ido a algún lado. Esperanza se acerca a una tienda, donde para sorpresa de ella, es atendida por una niña, intercambian palabras, y en la brevedad de la conversación, ellas coinciden en algo: España. Los padres de la niña son migrantes, y residen en el país de origen de Esperanza: “Mis papás están en España, ya van tres años”[4]. Hermida escribe un diálogo corto, pero contundente, donde una niña es el retazo de una familia incompleta, una niña que pagó el precio del éxodo, y como consecuencia, tuvo que enfrentar la carencia paternal y maternal a causa de la migración.
“A todos los extranjeros les gusta, bonito disque es el Ecuador”[5]: una turista y una local no pueden entender y habitar el Ecuador del mismo modo; mientras los extranjeros pueden ir a Ecuador a vacacionar, los locales se destierran voluntariamente y dejan atrás mucho más que el terreno geográfico que los define. En el año 2000, Ecuador atravesaba una crisis migratoria sin precedentes, según información de la ONU, Ecuador contaba con “446.380 emigrantes”[6], es decir, casi el 3,58% de su población de aquel entonces. Actualmente, el país enfrenta dificultades parecidas, solo en el año 2024 “1,9 millones de ecuatorianos viajaron a 207 países. Pero solo 1,8 millones regresaron al país”[7], siendo un año con un saldo migratorio negativo, de acuerdo con los datos del Ministerio del Interior. Si algo tienen en común el año 2000 y el 2025, es que las cifras de movilidad humana continúan incrementando debido a la nula estabilidad que supone hacer una vida en un país sin rumbo aparente.
“Parece que renunció el presidente”.
“Yo flipo con la facilidad con la que aquí sacan presidentes”.
“Con la misma facilidad con la que suben”[8].
En Montañita, Esperanza, Tristeza y Jesús conocen a Juan Andrés, con quien beben y platican en la playa, comentando el reciente rumor de la renuncia del presidente. En sus diálogos cómicos y reflexivos, Qué tan lejos hace guiño a la inestabilidad política que Ecuador arrastraba desde la época de los 90s. A finales de la década, entre el año 1996 hasta el 2007, hubo un periodo de diez años, donde el país tuvo siete presidentes y ninguno culminó los cuatro años de mandato. Es un tema inevitable, ya que la obra gira alrededor del paro, y existe una mitificación de este, ya que la destitución de un presidente siempre se le atribuía a la furia del pueblo en las calles. Hermida también se burla sutilmente de la indiferencia y complicidad de los medios de comunicación para cubrir problemáticas que aturden a la sociedad. Esto se muestra cuando dos reporteros se ofrecen a llevar a las protagonistas en su camioneta. Sin previo aviso, los comunicadores se detienen en una carretera bloqueada por un tronco, y allí sacan sus implementos de grabación y reportan sobre las manifestaciones. Cuando le preguntan a Tristeza sobre el paro, ella se muestra a favor: “Yo venía a apoyar a los indígenas, pero parece que el paro ya se levantó, porque a menos aquí, ya no hay nadie”[9]. El reportero inmediatamente le quita el micrófono y no le permite finalizar su intervención. Esta escena no es estrictamente una situación ficticia. Por más exagerado que parezca, la televisión pública ha capturado varios momentos de censura en directo. En el año 2024, una reportera del canal TC Televisión se encontraba en una gasolinera conversando con un señor en su auto sobre los nuevos precios de la gasolina, en un principio sus respuestas rozaban la neutralidad, pero cuando mencionó que el alza de combustible era una estrategia del gobierno, elaborando en que no se podía esperar nada bueno de ellos, la cámara paneó hacía otro lugar y cortaron a estudio. Situaciones como estas han sido registradas en más de una ocasión, recordándonos que los medios nunca han tenido la intención de informar, sin más bien, de moldear estratégicamente la narrativa de acuerdo con sus intereses.
“Ese es uno de los pocos militares inteligentes que ha tenido este país, es más, es al primero que se le ocurrió que esto podría ser un país, y no un montón de haciendas controladas por curas. Cachas que el man construyó la vía del tren para unir la Costa con la Sierra, y en este mismo tren, le llevaron de Guayaquil a Quito, para matarlo”[10]
La cinta hace algunos recuentos históricos, desde la colonización de España en el territorio que hoy llamamos América, hasta la hoguera bárbara posterior a la revolución liberal en la República del Ecuador. En Alausí, los personajes caminan por las vías férreas, donde Jesús reflexiona sobre cómo Eloy Alfaro, presidente responsable de la separación de estado-iglesia, fue asesinado y traicionado por aquellos a quien sirvió. Su cuerpo fue arrastrado por las calles de Quito hasta ser incinerado en el parque El Ejido, donde hoy se encuentra un monumento en memoria de esta figura política. Desde el guion, Hermida explora las contradicciones y la fragilidad de la memoria, y muestra cómo, a causa de eso, el poder siempre regresa a las manos de nuestros verdugos.
Tania Hermida arma un conjunto de postales personificadas en voces, miradas y heridas invisibles. En sus propias palabras, la directora “Quería hablar de las ciudades como si fueran personajes de carne y hueso y tuvieran vida y muerte y accidentes”[11]. Su ópera prima nos recuerda quienes somos, pero también quienes fuimos. La historia que plantea sirve como un espejo que refleja que nuestro pasado no es tan distante a nuestro presente, lo que nos permite identificar similitudes, pero, sobre todo, grietas que aún continúan abiertas. ¿Qué tan lejos podría estar un modelo de país de hace tres décadas con el modelo que se implementa actualmente? No mucho, porque la República del Ecuador siempre se encuentra en eterno retorno, encaminándose hacía su propia destrucción, y posteriormente, retomando el trayecto para una lenta resurrección que, a diferencia de una película, nunca encuentra un fin. “Empieza a creerte lo que pasa, man, que estamos en el Ecuador”[12].
[1] Manuel Salgado Tamayo, «La base de Manta, el plan Colombia y los militares ecuatorianos», Universitas, n.° 3 (2003): 76-77.
[2] Carolina Mella, «Ecuador se sitúa como el país más violento de América Latina: un asesinato cada hora», El País (2025).
[3] Expansión, Datos macro. (2000). Ecuador - Homicidios Intencionados. Recuperado de https://datosmacro.expansion.com/demografia/homicidios/ecuador?anio=2000
[4] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.
[5] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.
[6] Expansión, Datos macro. (2000). Ecuador - Homicidios Intencionados. Recuperado de https://datosmacro.expansion.com/demografia/homicidios/ecuador?anio=2000
[7] Mario Alexis González, «Más de 94.000 ecuatorianos salieron de Ecuador en 2024 y no regresaron», Primicias (2025).
[8] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.
[9] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.
[10] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.
[11]«”El arte es constituyente”. Entrevista a Tania Hermida». Entrevista realizada por Miguel Alfonso Bouhaben. ÑAWI. Arte, Diseño, Comunicación, Vol 1, N° 1 (2017): Enero, 117.
[12] Tania Hermida, Qué tan lejos. (Quito: Corporación Ecuador para Largo, 2006), DVD, 92 min.


