Comentario: The Grandmaster (2013), Wong Kar Wai
Por Niza Ochoa Castañeda
The Grandmaster es una crónica que relata las aventuras y dificultades de Ip Man, un maestro de Kung Fu, y de Gong Er, la hija de un gran maestro y heredera del legado de su familia en las artes marciales. Los conflictos comienzan cuando el Imperio japonés invade China, desatando ataques bélicos, asentamientos forzados y traiciones entre los aprendices. Es una historia con una fuerte connotación patriótica y una carta de amor al Kung Fu.
Se trata de la primera película de artes marciales de Wong Kar Wai, específicamente de Kung Fu, retomando una idea que había aparecido de manera vaga en In the Mood for Love y 2046, donde Tony Leung interpretaba a un escritor de novelas de artes marciales con el corazón roto. En The Grandmaster, en cambio, encarna a un gran maestro de Kung Fu, dando vida a Ip Man, quien en la vida real fue el entrenador de Bruce Lee.
Visualmente, la película presenta una estética más “limpia” en comparación con algunas de sus obras más populares. Los encuadres son más rectos y la imagen, más nítida. La paleta de colores es menos saturada, aunque conserva el característico tono amarillo verdoso que se aprecia en películas como Happy Together o Fallen Angels. Una novedad en su filmografía son las sofisticadas coreografías de combate, donde el montaje es preciso e imperceptible. Si bien en su cine ya había escenas de enfrentamientos, nunca con el nivel de refinamiento que alcanza aquí, evidenciando la influencia del cine de artes marciales y el trabajo del coreógrafo Yuen Woo-Ping.
Al igual que en sus películas anteriores, Wong Kar Wai hace referencia a épocas pasadas de Hong Kong. En esta ocasión, la historia se sitúa en la China de los años 30, cuando Japón ocupó varios territorios asiáticos, desatando la Segunda Guerra Sino-Japonesa. La película refuerza su contexto histórico a través de intertítulos que indican el año de cada acontecimiento y el uso de secuencias en blanco y negro, evocando las tradicionales fotografías grupales de la época. Así, el tiempo se convierte en un elemento fundamental, como suele ser costumbre en su cine. No obstante, también mantiene otra de sus marcas autorales: la narración fragmentada. En algunos momentos, la estructura se siente dispersa, y es necesario prestar atención a la cronología para comprender la ubicación temporal de cada escena.
La visión del amor trágico, característica del cine de Wong Kar Wai, también está presente en esta cinta. Ip Man pierde a su familia y queda en la miseria a causa de la guerra. Por otro lado, a pesar de su cercanía con Gong Er, la confesón de sus sentimientos no basta para consolidar un romance. Aquí reaparece uno de los temas recurrentes del director: la persona correcta en el momento equivocado. No solo la guerra representa un obstáculo, sino también la naturaleza de Ip Man, cuyo compromiso con la preservación de su arte y la soberanía de su país es más fuerte que cualquier ambición romántica.
The Grandmaster presenta un personaje femenino poderoso, dispuesto a matar para cumplir sus objetivos. Esto ya se había visto en películas como Chungking Express, aunque en el caso de Gong Er, su motivación radica en el honor y la lealtad a su linaje. Una de sus escenas más memorables es su enfrentamiento con Ma San, el hombre que traicionó a su familia. El duelo se desarrolla en pleno invierno, con el aliento de los personajes visible en el aire y las ventanas del tren empañadas. Los copos de nieve caen mientras ambos adoptan sus posiciones de combate. La secuencia se enriquece con detalles capturados en cámara lenta, como la nieve salpicando bajo sus pies o las estructuras de la estación resquebrajándose con el impacto de los golpes. El claroscuro de sus vestuarios se mezcla con el humo del tren, desdibujando las figuras de los combatientes.
En conclusión, The Grandmaster se distingue de los trabajos anteriores de Wong Kar Wai, aunque conserva elementos característicos de su estilo, como la presencia de Tony Leung en el papel protagónico y el tema del amor imposible. Sin embargo, marca una evolución en su estética visual, adaptándose al cine de Kung Fu y ofreciendo una visión poética y melancólica del género. Así, la película no solo rinde homenaje a las artes marciales, sino que también reafirma la identidad autoral del director, entregando una experiencia cinematográfica renovada.
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